ASTRONOMÍA: LA DISCIPLINA DE LAS ESTRELLAS ENTRE LOS GRIEGOS Y LOS CELTAS

Los primeros hombres creados y formados se llamaron el Brujo de la Risa Fatal, el Brujo de la Noche, el Descuidado y el Brujo Negro… Estaban dotados de inteligencia y consiguieron saber todo lo que hay en el mundo. Cuando miraban, veían al instante todo lo que estaba a su alrededor, y contemplaban sucesivamente el arco del cielo y el rostro redondo de la tierra… [Entonces el Creador dijo]: «Lo saben ya todo… ¿qué vamos a hacer con ellos? Que su vista alcance sólo a lo que está cerca de ellos, que sólo puedan ver una pequeña parte del rostro de la tierra… ¿No son por su naturaleza simples criaturas producto de nuestras manos? ¿Tienen que ser también dioses?»

El Popol-Vuh de los mayas-quiché[1]

Atendamos a la distinción planteada por Ptolomeo, citado por Aurelio Pérez Jiménez en Astronomía y Astrología (1994: p. 1), quien dice que la artrología es la disciplina “por la que observamos, gracias a los rasgos naturales de esas mismas figuras los cambios que se van a operar en los seres”, mientras que la astronomía es la doctrina “por la que comprendemos las figuras que en cada momento adoptan los movimientos del Sol, de la Luna y de los astros, entre sí y con respecto a la tierra”. Tuvieron que pasar siglos para que la astronomía se separara de la astrología, pues antiguamente no se distinguía entre ciencia y pseudociencia. Es casi seguro que la astrología supuso entonces la etapa protocientífica de la astronomía, relacionada con aspectos primitivos y religiosos que más adelante fueron superados por el método científico.

La astronomía entre los antiguos griegos

La observación de los astros, según la arqueología, nació en la antigua Mesopotamia. Pero la observación regular de las estrellas es algo que ocurrió paralelamente en muchas culturas, como la griega. La finalidad de dicho estudio no radicaba únicamente en fundamentos religiosos, sino también utilitarios, dando como resultado herramientas tan útiles como los calendarios. El reconocimiento progresivo del comportamiento de la luna permitía la predicción de eclipses en la cultura de Mesopotamia, que sentó las bases del desarrollo que seguiría posteriormente en Grecia. Hesíodo, por ejemplo, utilizó la astronomía para orientar a los campesinos en materia de agricultura, para que supieran cuándo comenzar las cosechas (Pérez, 1994: pp. 5-6).

Los filósofos presocráticos buscaban dar una explicación natural a los fenómenos que observaban en el cielo nocturno. La actividad de los jonios entre los siglos VII y VI se caracteriza porque buscaban situar el origen de las cosas dentro de la misma realidad, a diferencia del mito, pero sin romper con las creencias primitivas religiosas y mágicas. De esta forma con la contemplación de los astros de una manera más material, la astronomía perdió cierto elemento sagrado, inclinándose más hacia la curiosidad que generaba la distancia probable entre la Tierra y la Luna (1994: pp. 8-9).

La filosofía griega tiene un elemento de misticismo con cierta magia y religiosidad que se hallaba presente en la escuela pitagórica. Es aquí donde se encaminan más hacia la configuración geométrica del universo, que se irá perfeccionando por autores como Platón. Es de los pitagóricos, de su configuración del universo, de quienes probablemente se heredó la idea de la esfericidad de la Tierra (1994: p. 11).

Fue en Atenas durante el s. IV que la astronomía gozó de gran importancia. Fue tan así, que Platón consideraba que esta disciplina era imprescindible para las materias que eran enseñadas a los niños. Platón fue profundamente influenciado por la escuela de Pitágoras, de quien además es probable que adquiriera la idea de la existencia de un mundo espiritual más allá del físico (Rodríguez, 2015).

La ciudad de Alejandría, en Egipto, aunque de cultura helenística, fue el escenario de grandes aportes al estudio de la astronomía. Allí, el astrónomo, filósofo, matemático e historiador Eratóstenes, quien fue director de la importante Biblioteca de Alejandría, se percató, al colocar palos en Siena y en Alejandría, respectivamente, de que mientras en Siena no se proyectaba la sombra del bastón, en Alejandría sí se proyectaba una gran sombra, llegando a la conclusión de que la tierra tenía una superficie curva. Eratóstenes utilizó herramientas tan sencillas como los palos, el sol y se sirvió de sus ojos y su cerebro para razonarlo. Así pudo deducir la circunferencia de la tierra con gran precisión, considerando que sucedió hace más de 2000 años (Sagan, 2005).

La astronomía entre los antiguos celtas

Julio César, en La Guerra de las Galias (1984: p. 100), nos describe la importancia de la astronomía en la cultura celta: “Otras muchas cosas disputan y enseñan a la juventud acerca de los astros y su movimiento, de la grandeza del mundo y de la tierra”. Actualmente sabemos sobre la astronomía celta por medio de fuentes grecolatinas, ya que probablemente los druidas no consideraban adecuado que su saber se divulgara. La astronomía tenía una connotación religiosa en la cultura celta, pues hacían celebraciones cada determinado tiempo. Según Diodoro de Sicilia (s. I a. C.), hacían celebraciones cada diecinueve años, cuando la luna llena llegada al punto más meridional (Mees y Deiss, 2014: p. 78).

Los calendarios lunares eran comunes debido a que es relativamente sencillo observar el comportamiento de dicho satélite. Se tiene constancia arqueológica de la colocación de hileras de postes de madera alrededor de la tumba de un príncipe celta que además se hallaba rodeada de otras tumbas. Esto era un gran calendario, pues las tumbas, colocadas cuidadosamente junto con los postes de madera, se extendían hacia los puntos del horizonte que correspondían a las paradas de la Luna (2014: p. 79).

Respecto a las celebraciones de las que se realizaban cada 19 años, según los expertos, “sería necesario documentar diez de estos grandes ciclos; esto es, casi dos siglos de observaciones” (Mees y Deiss, 2014: p. 80). Esto quiere decir que los celtas contaban con el conocimiento adecuado para sus investigaciones, por lo que debieron dedicarle años al estudio de los astros para perfeccionarlo. Hay constancia arqueológica que prueba que hubo un intercambio cultural entre los celtas y las culturas del Mediterráneo, por lo que probablemente adquirieron ideas científicas foráneas que hicieron servir con un significado esotérico. Gracias a diversos autores, se sabe que los celtas creían en la transmigración de las almas, por lo que es posible que las paradas de la Luna hayan sido relacionadas por los astrónomos celtas con su percepción de la vida y la muerte (2014: p. 81).


NOTAS

[1]  Fragmento extraído de Cosmos (Sagan, 2005: p. 3).


BIBLIOGRAFÍA

Sagan, C. (2005). Cosmos. Barcelona: Planeta.

Rodríguez, E. J. (2015). El cosmos pertenece a los griegos (I). Jot Down. Disponible en: http://www.jotdown.es/2015/08/el-cosmos-pertenece-a-los-griegos-y-ii/.

Pérez Jiménez, A. (1994). Astronomía y astrología: de los orígenes al Renacimiento. Madrid: Ediciones Clásicas.

Deiss, B. y Mees, A. (2014, junio). Lunas celtas. Investigación y Ciencia. Nº453, pp. 76-81.

César, C. J. (1986). La guerra de las Galias. (Goya Muniáin, J. y Balbuena M. Trad.). Barcelona: Orbis.

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