EL SISTEMA POLÍTICO MEXICANO

La democracia en México comenzó en 1928 cuando, según Enrique Krauze (2018), el presidente Plutarco Elías Calles “declaró concluida la era de los caudillos y anunció el comienzo de una nación de instituciones”, tratándose, en realidad, de “una monarquía absoluta con ropajes republicanos”, ya que en algún momento de la historia se admitió que el presidente eligiera a su sucesor cada determinado tiempo. Fue así como “reinó” durante décadas el Partido Revolucionario Institucional, hasta el año 2000, cuando Vicente Fox colocó al Partido Acción Nacional en la presidencia.

En la actualidad, de acuerdo con Lorenzo Meyer Cossío (2018), México permanece en un estado que no es ni democrático ni totalitario, sino que tiene tendencias autoritarias. Como en cualquier gobierno democrático, hay pluralismo, característica que sería limitada en un sistema totalitario, pero no llega a ser enteramente democrático porque las elecciones no funcionan con auténtica transparencia, pues el voto libre de manipulación no es un hecho incuestionable. De acuerdo con Diego Valadés (2018), “la democracia moderna tiene características como el voto libre e igualitario, el ejercicio responsable del poder, el pluralismo, la distribución del poder y el constitucionalismo normativo”.

La política mexicana se caracteriza por haber sido regida durante décadas por un único partido: el Partido Revolucionario Institucional, que, según Meyer Cossío (2018), nació cuando la democracia no funcionaba de la misma forma que en la actualidad. En sus inicios, la política posrevolucionaria, el contexto en el que surgió el Partido Revolucionario Institucional, llegó a ser, como dice Moisés Rodríguez Rosales (2015), “autoritaria, pero incluyente”, siendo un sistema que carecía de pluralidad, erigiéndose, según Meyer Cossío (2018), como uno de los gobiernos autoritarios más exitosos del siglo XX porque, de hecho, mantuvo al país con cierto nivel de estabilidad y de crecimiento económico. Dicho sistema se mantuvo de forma más o menos estable hasta mediados de los 70, cuando el desgaste del sistema político se acentuó con la llegada de la crisis económica y con la represión del movimiento estudiantil del 68, momento en que se hizo visible que las elecciones ya no tenían credibilidad (Meyer, 2018).

Así comenzó a construirse en México desde finales del s. XX una democracia que, de acuerdo con Meyer Cossío (2018), la mayor parte de los mexicanos considera que no es efectiva.

Cabe destacar que, como sostiene Araceli González Uresti (2002), “la transición de México a la democracia ha sido un proceso más empujado por fuerzas externas que por la dinámica interna de un pueblo que haya madurado políticamente como parte de un proceso evolutivo natural”. La forma de hacer política en México se ha condicionado, en gran medida, por los intereses de los Estados Unidos. La política internacional de México se caracteriza por amoldarse, continuamente, a las necesidades de su país vecino. Fue así como se impuso el modelo de democracia liberal iniciado por dicho país. Esto resulta chocante, ya que la política internacional debe ser la capacidad del país de imponer su interés nacional (Meyer, 2018).

El sistema político mexicano, que de manera formal era democrático, pero en la práctica era autoritario, pudo sobrevivir durante el siglo XX porque se hallaba en una de las zonas más próximas a los Estados Unidos, quienes defendían la expansión de la democracia liberal, así como la difusión de sus ideales, poniendo a México, como dice Meyer Cossío (2018), un “sello de democrático”.

A día de hoy, México es reconocido como una democracia. Sin embargo, Enrique Krauze (2018) sostiene que existe un enfado generalizado entre los mexicanos como resultado del bajo crecimiento económico y la evidente desigualdad social, añadiendo también el problema de la “violencia, la inseguridad, la impunidad y la corrupción”. Sostiene también Krauze que, si el gobierno mexicano de turno fuera el de una democracia madura, como consecuencia natural de una democracia moderna, ya habría sido castigado. México reúne las características de una democracia, pero aparentemente falla en muchos aspectos pues, como dice Moisés Rodríguez Rosales (2015), “el sistema electoral no es condición suficiente para la democracia”.

En conclusión, la administración mexicana debe esforzarse durante lo que queda de siglo por encaminar a México hacia la categoría de democracia madura y efectiva, además de comenzar a defender su interés nacional con la entereza que caracteriza únicamente a los países desarrollados.


BIBLIOGRAFÍA

Democracia en México está en un estado precario: académicos. (2018, febrero 14). Aristegui Noticias. Disponible en: https://aristeguinoticias.com/1402/mexico/democracia-en-mexico-esta-en-un-estado-precario-academicos/.

González Uresti, L. A. (2002). La política exterior de México: ¿cambio o continuidad?. En VII Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública (Lisboa, Portugal, 8-11 octubre). Disponible en: http://unpan1.un.org/intradoc/groups/public/documents/CLAD/clad0043322.pdf.

Krauze, E. (2018, marzo 7). ¿Adiós a la democracia mexicana?. The New York Times ES. Disponible en: https://www.nytimes.com/es/2018/03/07/opinion-krauze-amlo-adios-democracia/.

Meyer Cossío, L. (2018). Evolución del sistema político mexicano. ¿Cómo llegamos aquí? Una historia de poder en México. Universidad Nacional Autónoma de México.

Rodríguez Rosales, M. (2015, julio 20). Democracia y sistema político mexicano II. Círculo de Estudios de Filosofía Mexicana. Disponible en: https://filosofiamexicana.org/2015/07/30/democracia-y-sistema-politico-mexicano-ii/.

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