LONGO DE LESBOS Y LA NOVELA GRIEGA

La novela griega

La novela fue el último género literario de la literatura griega. Su surgimiento tiene lugar cuando el hombre griego ya no es ciudadano, cuando la democracia ha desaparecido, siendo este un súbdito de los reinos helenísticos que se repartieron durante el Imperio de Alejandro Magno. En el contexto descrito es cuando se impone la lengua griega como idioma de cultura, integrándose los diversos pueblos egipcios, romanos y fenicios o sirios bajo un mismo sistema político. Esto sucede en una sociedad donde los límites geográficos y culturales no son claros. El individuo del momento se sentía agobiado del entorno heterogéneo que lo rodeaba, donde el cruce de etnias, culturas y religiones provocaba un desarraigo, buscando en la literatura una forma de escape para huir de la desconcertante realidad, dando lugar al surgimiento de la “literatura de evasión” (Hualde, 2008: p. 361).

La literatura de evasión se representa por la novela en la prosa, así como por la poesía en la bucólica. Con la novela se produce este escape por medio de la presentación de un mundo de aventuras en el que se desarrolla una trama amorosa con un final necesariamente feliz. En esta clase de aventuras se incluye la presencia de piratas y de viajes a lugares lejanos. Estas preferencias reflejan el individualismo extremo de un mundo griego de época clásica que siente la incertidumbre de sus propios límites, inclinándose la estética por lo exótico, en donde el sentimiento de aislamiento se expresa mediante la imagen del viaje en solitario (2008: p. 362).

Se conservan cinco obras completas del material novelesco, aunque debió ser abundante (2008: p. 363): Quéreas y Calírroe, de Caritón de Afrodisias (entre segunda mitad del s. I a. C, y primera del s. II d.C.); Efesíacas o Antea y Habrócomes, de Jenofonte de Éfeso (s. II d. C.); Leucipa y Clitofonte, de Aquiles Tacio (finales del s. II d. C.); Dafnis y Cloe, de Longo de Lesbos (finales del s. II d. C.); y Etiópicas o Teágenes y Cariclea, de Heliodoro de Émesa (ss. III o IV d. C.).

Las novelas conservadas se caracterizan por la combinación de historias de amor con el viaje y la aventura en escenarios exóticos, con la excepción de Dafnis y Cloe. La acción se sitúa en una época clásica ideal en la que en ocasiones se revelan elementos del periodo helenístico. Los héroes suelen ser jóvenes, extraordinariamente hermosos, ya que se compara a las protagonistas con deidades femeninas y a los protagonistas con héroes reconocidos. Suelen ser descritos con características como cabello rubio, piel muy blanca y sonrosada cuya belleza provoca un súbito enamoramiento solo con la contemplación (2008: p. 363). 
Se suele caracterizar también por la fidelidad de los amantes, aunque depende del autor. Mientras que Longo de Lesbos le da libertad sexual a Dafnis, igual que Aquiles Tacio, en Jenofonte de Éfeso y Heliodoro, la castidad se exige a ambos protagonistas, aunque en Caritón la fidelidad emocional destaca más que la fidelidad física (2008: p. 364).

«Novela de amor y aventuras»

Dafnis y Cloe, también conocida con el título Pastorales, se aleja un poco del esquema establecido por las otras novelas griegas, pues consiste en una trama amorosa dentro de un contexto bucólico y campesino donde los protagonistas son pastores y la aventura es representada por el transcurso del tiempo a lo largo de las estaciones del año, siguiendo el despertar de la pareja en la experimentación del amor físico (2008: p. 364).

Longo de Lesbos

Se sabe poco de su vida, aunque se considera originario de la isla de Lesbos, donde se ubica específicamente por la descripción que Longo hace en su obra. Además, en Mitilene, la capital de Lesbos, se documenta desde la época de Pompeyo la existencia de una familia con el cognomen Longus, siendo en el año 49 cónsul alguien de nombre Pompeyo Longo. También hay autores que piensan que Longo, nativo de Lesbos, escribió Dafnis y Cloe desde Italia, donde habría sido profesor de Retórica (2008: p. 364-365).

Se estima que Dafnis y Cloe fue escrita alrededor del s. II por la imitación que hace Aquiles Tacio en Leucipa y Clitofonte, lo que hace improbable que la obra de Longo se haya escrito en una fecha anterior a los comienzos del s. III d. C. Además, la cantidad de tres mil dracmas, que es lo que Dafnis ofrece para comprometerse con Cloe resulta insignificante en fechas posteriores a la inflación ocurrida durante la segunda mitad del s. III. Aspectos como estos han llevado a los estudiosos a situar la novela de Longo a finales del s. II d. C., incluyéndolo en el grupo de escritores que se vieron influidos por el movimiento de la Segunda Sofística (2008: p. 365).

Dafnis y Cloe

En la trama de la novela predomina el elemento amoroso, cuya exaltación se acentúa con la ausencia del marco histórico y la reducción de la aventura y el viaje. Si bien no ocurre un viaje a tierras lejanas como en otras novelas, sí ocurre un viaje temporal entre las estaciones del año paralelamente a la maduración emocional y sexual de Dafnis y Cloe. La ausencia de marco histórico contribuye también a la creación de un ambiente ideal que hace que sobresalga la idea de la universalidad amorosa. De acuerdo con Pilar Hualde (2008: p. 366), existe una “aparente ausencia de conflicto entre las distintas clases sociales” y la “omnipresencia de una naturaleza amable”. La descripción de la vida rural sustituye la descripción de paisajes exóticos, donde se colocan con armonía elementos ideales y realistas, como sería el régimen agrario y ganadero llevado por la burguesía urbana (2008: p. 366).

Los temas principales de la obra son el poder del amor, del erotismo, la música y la religiosidad. La trama se desarrolla en un entorno de naturaleza donde esta actúa como el motor de la historia. Además, Eros, Pan y las Ninfas son las divinidades tutelares de los jóvenes que aspiran a convertirse en amantes. Eros tendrá el papel de motor del amor sexual, siendo quien indicará el camino de iniciación a los jóvenes que se dirigen hacia el descubrimiento de un amor más pleno (2008: p. 366-368).

La idealización del entorno natural provoca una reducción de los peligros y la violencia que radican en ella, presentándose también una sublimación de la actividad ganadera que contiene elementos heredados de la tradición bucólica de Teócrito. La introducción del elemento pastoril a la prosa supone una innovación por parte de Longo, haciéndola más original (2008: p. 367).

Según Pilar Hualde (2008: p. 369), hay influencias en Dafnis y Cloe de la lírica arcaica, la lírica elegíaca, la prosa griega de época clásica y las églogas virgilianas. De la penúltima se destaca la influencia de la historiografía de Tucídides en el proemio de la obra (2008: p. 367). En cuanto a los aspectos formales, existe la presencia probable de organizaciones textuales propias de otros géneros, como los cantos rituales, las descripciones y los monólogos. Además de esto, se destaca también la organización rítmica de las sílabas en algunos pasajes, como ejemplo de la prosa poética (2008: p. 369). La estructura de la obra se divide en un proemio en el que el un autor anónimo inicia el texto a modo de écfrasis con la descripción de una pintura, seguido de cuatro libros divididos en doce episodios que se dividen a su vez en escenas.

El argumento de la obra es el siguiente: un autor anónimo se introduce contándonos en el proemio que mientras cazaba en un bosque dedicado a las Ninfas encuentra una pintura con cuadros narrativos que presentan una historia de amor. Se sigue el tópico del manuscrito encontrado, comenzando a contar la historia (2008: p. 369).


BIBLIOGRAFÍA

Hualde Pascual, P. y Sanz Morales, M. (2008). La literatura griega y su tradición. Madrid: Akal.

Longo (1999.). Dafnis y Cloe (Juan Valera, trad.). Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcv6 9d0.

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