EL ARGUMENTARIO SCHMITTIANO EN EL INDEPENDENTISMO CATALÁN

En la actualidad el problema más notable a nivel internacional en España es el independentismo catalán. A día de hoy, el desafío independentista ha superado la categoría de «amenaza» porque ha llegado a ser legitimado por la Generalitat de Catalunya. El día 1 de octubre de 2017 marcó un hito en la historia de Cataluña, provocando que la comunidad autónoma se partiera por la mitad socialmente. El proceso independentista no solo supuso una ruptura social, sino que trajo consecuencias económicas, ya que la perspectiva de nuevas inversiones es ahora improbable. Además, provocó un daño irreversible hacia las empresas, perjuicio que se extiende dolorosamente hacia las instituciones y centros de investigación, así como a las universidades, escenario en el que, por cierto, se hace visible la ruptura social debido a los enfrentamientos internos entre estudiantes. Sin embargo, no es todo negativo, ya que ha surgido una conciencia cívica favorable a la identidad nacional (Cortina de la Concha, 2018: p. 31).

Los soberanistas catalanes llevan años tratando de comenzar un proceso de separación de España y parte del ideario independentista encuentra su fundamento en el pensamiento de Carl Schmitt. Carl Schmitt fue un teórico alemán vinculado con el nacional-socialismo, por lo que, esta adhesión al régimen nazi lleva a una dificultad para analizar su obra. No obstante, muchos estudiosos hallan un paralelismo entre su argumentario y los fundamentos sobre los que se erige la ideología independentista catalana (Laleff, 2011: p. 96). Carl Schmitt es el creador del “Estado de excepción”, circunstancia que supone el cuestionamiento de un orden de leyes y social y su posterior sustitución por otro orden jurídico. De acuerdo con Schmitt, citado por Joaquín Rábago (2017), la soberanía consiste en la decisión sobre la situación de excepción que lleva hacia otro orden político.

El Dr. Stefan Hermanns (2017) propone la cuestión de si existe la democracia más allá de la Constitución. Con esto Hermanns quiere aludir a la proposición de los soberanistas catalanes, cuya Generalitat apoyó la realización de un referéndum ilegal. Así, continúa Hermanns, este es un planteamiento sostenido en la República de Weimar por Carl Schmitt. Sin embargo, algunos podrían afirmar que la declaración de independencia unilateral es enteramente ilegal, pues en el año 1978 se llevó a cabo un referéndum con el objetivo de rectificar la constitución española que, de hecho, gozó de una mayoría aprobatoria en Cataluña. A pesar de esto, los soberanistas catalanes apoyan la construcción de un estado fuera de la Constitución que tanto llegaron a apoyar, ya que esta defiende la integridad del territorio español del que forman parte, quizá para algunos, forzosamente. Aún así, el argumentario de Carl Schmitt defiende la existencia de una «Constitución» intangible que se constituye a partir de los sentimientos del pueblo; por tanto, esta estaría formada por la tradición y la historia, por todos aquellos factores relacionados con la cultura y el desarrollo social del territorio. Carl Schmitt se basa en este planteamiento para justificar el «Estado de excepción», lo que llevaría a la legitimación histórica, en parte, de la decisión de los soberanistas catalanes de alimentar su proceso independentista.

La hipotética independencia de Cataluña supondría un gran impacto a todos los niveles, es algo que no puede hacerse de un día para otro. La declaración de independencia vendría sucedida por el abandono inevitable del nuevo estado catalán de la Unión Europea, ya que pasaría a ser un nuevo país y no tendría derecho a gozar de los beneficios económicos que supone pertenecer a esta comunidad. La salida de la Unión Europea vendría de la mano con la salida del mercado comunitario interior, lo que llevaría a la aplicación de un arancel, así como se llegaría a la eliminación de la libre circulación de catalanes y servicios. Asimismo, Cataluña se hallaría fuera de las políticas vinculadas con la Unión Europea, dejando de formar parte del espacio Schengen, entre otras cosas, afectando así al comercio y al turismo. Se perdería ese estatus que ha costado tanto a España obtener y las víctimas principales de la parte negativa del proceso serían aquella mitad de Cataluña que no votó por ello (Fernández Navarrete, 2015: p. 148).

Además, la separación de España tendría que enfrentarse a la reconfiguración de su territorio, tanto económicamente como socialmente. Tras la realización del referéndum del 1 de octubre surgieron muchas dudas, como el porqué de la no participación de la mayoría de los catalanes, ya que solo participó el 42,34% del censo convocado, o si es realmente lícito admitir la respuesta positiva de un 90% de los participantes, que en su conjunto llegaban a los 2.262.424 de los 5.343.358 de catalanes convocados (Rico, 2017). La respuesta a estas cuestiones es muy sencilla, ya que, refiriéndonos a la primera cuestión, es un hecho que nadie participaría en un referéndum cuya finalidad realmente no apoyan, que se erige sobre factores sociales y políticos que no los representan y, por tanto, es probable, haciendo un análisis muy superficial, que este 90% mencionado anteriormente, diera una respuesta afirmativa con su sola asistencia (Hermanns, 2017).

A pesar de todos los conflictos que se viven a día de hoy en Cataluña, la Unión Europea, aunque hace visible su preocupación, no termina de actuar como mediadora entre Cataluña y España. El referéndum del 1 de octubre ha sentado precedente, por lo que, si no se atienden los problemas latentes en la región catalana, más allá de parchar heridas y generar recortes, el problema seguirá creciendo hasta consolidarse como una nación independiente (Hermanns, 2017).

El historiador Manuel Pérez Nespereira (2017) coincide en que se recurre habitualmente a la obra de Carl Schmitt, La teoría del partisano, para argumentar sobre el conflicto entre Cataluña y España. Esta obra procede de una serie de conferencias llevadas a cabo en Pamplona durante la década de 1960 (Laleff, 2011: p. 107). Mas, en opinión de Nespereira, dicha obra no refleja la teoría completa de Carl Schmitt. En palabras de Nespereira: “Schmitt sosté l’existència de dues realitats paral·leles relacionades mitjançant els processos d’institucionalització de les societats modernes”. Nespereira asegura que aquellos que desean defender un movimiento irregular de lucha política se respaldan en la teoría de Schmitt, ya que su obra está fuertemente relacionada con la “resistencia nacional y popular”.

De acuerdo con Nespereira, en estas circunstancias la política recae sobre la ciudadanía, quienes votan cada determinado tiempo. La crisis catalana es provocada, dice Pérez Nespereira, por la participación del partisano, que se alza como la figura que encarna la rebeldía. En este escenario el Estado se extralimita y se dispone a actuar justificadamente saltándose, quizá, las leyes. La figura del partisano se presenta como invisible, pretendiendo eludir el enfrentamiento contra el estado, al que busca contradecir sin evocar a la autoridad soberana (Laleff, 2011: p. 110). Sin embargo, de acuerdo con Ricardo Laleff, quien cita a Schmitt en La teoría del partisano (2011: p. 109): “El partisano tiene absoluta necesidad de una legitimidad si quiere permanecer en la esfera de lo político, y no hundirse simplemente en la del criminal común”. Cuando Schmitt dice esto, hace referencia a una legitimidad social, no legal.

En relación a la dualidad “amigo-enemigo”, Andrés Gil sostiene que Carl Schmitt contemplaba la existencia de dos facciones, la del «amigo» y la del «enemigo», es decir, quien se halla en contra de la posición del «amigo» y, en este caso, es el extranjero. Este planteamiento fue explicado por Carl Schmitt a principios de la década de 1930, en su obra El concepto de lo político (Peces-Barba Martínez, 2010: p. 20). Las relaciones políticas que se ven definidas son de carácter colectivo, pues se marca un «nosotros» como «amigo» y un «ellos» como «enemigo», (del Real Alcalá, 2015: p. 175). El «amigo» es Cataluña, quien reúne una serie de valores que chocan con los valores del «enemigo», a quien encuentran extraño y que, en este caso, es representado por España y por todo aquel que no comulgue con la ideología independentista, ya que, debemos recordar, existe un conflicto interno en Cataluña, cuyo ideario nacionalista designaría como foráneos a aquellos que no son parte del «nosotros», convirtiéndolos en una especie de hijos ilegítimos de Cataluña.

Respecto al soberanismo catalán, Juan Ramón Rallo (2017) sostiene que el soberano es aquel sobre el cual recae el poder de decisión sobre el territorio, la persona que puede llegar a imponer su voluntad, quien termina siendo obedecido por la sociedad sobre la que se alza. Rallo asegura que este fenómeno se puede entender de manera prescriptiva o positiva: «Es decir, podemos plantearnos “quién debería ser el titular de la soberanía” o, en cambio, “quién ejerce realmente en un momento determinado”». El poseedor de la soberanía debe ser, de acuerdo con Rallo, el individuo, quien tiene que ser poseedor de derechos y libertades inviolables, sin importar de quién provenga la voluntad de vulnerar dichos derechos.

Rallo afirma que “la ley no ha de convertirse en la expresión arbitraria del capricho de un gobernante, sino en la infraestructura jurídica que permite compatibilizar el ejercicio simultáneo de tales derechos y libertades por parte de todos los titulares”, así, sostiene además que “no debería haber otra soberanía que la que ejerce cada persona en el marco de sus derechos”; empero, Rallo aclara que lo anterior no supone que nadie deba ejercer como soberano. La forma en la que se reconoce dicho soberano, de acuerdo con Carl Schmitt es la persona “con capacidad para declarar y para establecer los términos de un estado de excepción”. El estado de excepción supone la toma de decisiones sobre la aplicación de medidas excepcionales que lleven a la suspensión parcial o total del orden jurídico.

El ejemplo de Cataluña demuestra el funcionamiento del pensamiento de Carl Schmitt, ya que, mediante un golpe de estado se llega a un estado de excepción por parte de los soberanistas catalanes, quienes declaran unilateralmente la independencia con el objetivo de instaurar un nuevo orden jurídico. Como resultado, obtienen una respuesta de los soberanistas españoles, apoyados por, aproximadamente, la mitad de Cataluña, quienes buscan la anulación del estado de excepción y el restablecimiento del orden jurídico «lícito» a través de la aplicación del artículo 155. Rallo afirma que tenemos, como consecuencia, “un conflicto irresoluble de legitimidades políticas”, por lo que las facciones se hallan en una lucha por imponerse para conseguir la sumisión de la otra parte. Ante la posibilidad de un conflicto indefinido, no se sabe sobre quién caerá la victoria, pero Rallo cree que, al menos a largo plazo, el control se hallará en manos del Estado Español, quien se dispone a controlar las dependencias de la comunidad autónoma de Cataluña.

En cuanto al aspecto democrático del movimiento independentista, Antonio Elorza (2018) opina que la palabra más sobresaliente del léxico soberanista catalán es la palabra “democracia”, afirmando que los movimientos llevados a cabo por el bando independentista representan la democracia. Sin embargo, el camino hacia esta democracia, que tiene su desenlace en la declaración de independencia, es adoptado específicamente por el “pueblo catalán”, no enteramente por el total de la sociedad catalana. Todo esto conduce a una situación en la que, de acuerdo con Elorza, no se busca abrir un espacio para que los catalanes en su conjunto opinen respecto a una posible independencia, ya que el Govern impidió la realización de un debate en la Cámara. Todo esto hace pensar que la única decisión democrática es la independencia.

Finalmente, no sabemos cómo acabará el conflicto catalán, pero lo que sí podemos asegurar es que los pensamientos del pasado pueden llegar a reflejarse en los conflictos del presente. Esto quiere decir que la actividad de rescatar fundamentos utilizados en el pasado puede llegar a convertirse en una práctica muy habitual entre aquellos que buscan legitimar algo.


BIBLIOGRAFÍA

Cortina de la Concha, G. (2018). El desafío independentista catalán. En M. A. Caracuel Raya (coord.), J. D. Toribio (coord.), E. S. Mateos (coord.), A. Crespo Alcázar (coord.). IV Congreso ADESyD. Congreso llevado a cabo por la Asociación de Diplomados en Seguridad y Defensa, Madrid, España. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6473322.

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